OPINIÓN | 'El asunto es que se ha utilizado una práctica por la cual hace que una mujer se someta al tratamiento hormonal para implantar un material genético que a la parte compradora le parece que debe perpetuarse', por Silvia Grijalba
Todos hemos hecho algo deplorable a lo largo de nuestra vida. Un acto o dos o tres de los que nos avergonzamos, que forman parte de nuestros secretos y que, si podemos, ocultamos al resto de la humanidad o, si no, hablamos poco de ellos. Cuando digo deplorable no me refiero a ilegal, eso es otra cosa. Apunto a cosas que hacen daño a otra persona, que sacan nuestro lado egoísta o cruel o poco empático.
La clave de lo que más chirría y asusta está en el blanqueamiento llevado hasta extremos cómicos si no fuera algo tan dramático. En los países mediterráneos de tradición católica hay una cierta tendencia a reconocer lo moralmente reprochable porque siempre sobrevuela esa idea de redención. En los anglosajones la tendencia es más bien a disfrazar como algo bueno lo que, objetivamente, no lo es.